Parece chiste, pero es anécdota. Claro, no llegando a tal extremo y siendo más lógicos también, pero es que este asunto del manejo de producto hay muchos que todavía lo dejan en manos de alguien del departamento de arte, y si bien esto parece adecuado, se está obviando algo que un buen productor debe tener claro, y es que esta es una parte del negocio que necesita de un especialista.
Arte es arte, y hacer que las cosas se vean bien ante el lente tiene su «arte», pero así como los modelos necesitan sus retoques, su maquillaje para resaltar su belleza natural, realzar ciertas características o incluso, agregarle algunas que no poseen, a la hora de darle el protagonismo a un producto, a este hay que dedicarle también los saberes de alguien que tenga en su caja de herramientas, algunos «polvitos mágicos».
Ser bonito o apetitoso no es suficiente
Por allá en los años veinte del siglo XX, cuando la publicidad masiva estaba en sus albores, y los que en los años sesenta se llamaron mad men (creativos y hombres del mercadeo de las agencias de publicidad en Nueva York), comenzaron a hacer de esta una industria, fue cuando se comenzó a comprender que algunos productos por más bellos o deliciosos que fueran, al exponerse a luces, tiempos prolongados buscando ángulos, calor por las luces, el grano de la película, en fin, no lucían tan bien en el resultado final.
El helado o la mantequilla se derretía, la leche se veía aguada y descolorida, las hamburguesas flacuchentas y flácidas, los postres nada esponjosos y sus cubiertas no conservaban la posición que traían desde el comienzo, las bebidas frías requerían de hielo, pero este se derretía y al hacerlo cambiaba la coloración original de la bebida… era un desastre.
En un principio, muchas de las soluciones e incluso hoy es la fórmula preferida de los productores publicitarios en Japón, era hacer maquetas de plástico, o yeso, o incluso madera, que maestros plásticos ejecutaban con una precisión abrumadora. Los artesanos japoneses lo hacen hoy por hoy con silicona o con impresoras 3D, y estas esculturas son también muy usadas en algunos restaurantes de la zona comercial y turística de varias ciudades para facilitar a los turistas la selección de sus platos. Este arte se llama sampuru.

Es un arte para mañosos
Otra solución que se encontró para este pequeño inconveniente, fue el de hacer uso de ciertas mañas para lograr que lo apetitoso, por ejemplo, ya no lo fuera, pero que sí lo luciera. Y aunque estamos haciendo referencia a los alimentos, no solo estos requieren de un tratamiento para embellecerlos ante la cámara, a veces una botella de perfume, unos zapatos, un simple bolígrafo, también necesitan de manejo, de algo que los haga lucir mejor.
Mañoso en el paisanario (diccionario paisa), hace alusión a aquel personaje hábil, diestro, experimentado, que no se vara. Con seguridad todos conocemos a alguien que es así, mejor dicho, McGyver se le queda en pelotas al lado.
Bueno, en producción audiovisual cuando necesitamos sacarla del estadio con algún producto, hay que llamar a los expertos, esos que tienen atomizadores para hacer sudar botellas, cubos de acrílico transparente para que dé frío de solo ver hielo en la pantalla, de esos que le meten cartón corrugado a la torta para que no se deforme, y que hacen helado con puré de papa o leche con colbón.

El mañoso de arte
Bueno, este campo es poco explorado en nuestro medio, es decir, aquí en Colombia ese mercado está melo para los que están buscando por dónde meterse, porque son muy pocos los que se especializan en este cuento. Por eso son tan codiciados los que están prestando este servicio y claro, nosotros tenemos nuestro As bajo la manga para esos proyectos que lo requieren.
Nuestro McGyver se llama David Forero y en Cala somos tan verracos que lo importamos desde Bogotá. Bueno, en realidad es que a David le cayó «la maldición paisa», se enamoró de una mujer y se vino a vivir acá. Afortunados que somos, porque él aprendió esto del manejo de producto, efectos especiales y dummies con unos primos que, por decirlo de alguna forma, fueron pioneros allá, pues vieron la necesidad de conseguir profesionales del diseño, la ingeniería o la arquitectura, para que los apoyaran en producciones publicitarias.

El arte del manejo de producto
David hace parte de la familia Cala y nos hemos apoyado en varios proyectos en los que con su magia, nos ha dejado algunas veces con la boca abierta. Y es que hay trucos viejos como el de usar crema de afeitar para decorar pasteles, pero hay otros descrestantes que se apoyan en la tecnología y logra unos efectos bacanísimos.
Como siempre, en pro de hacer que nuestra industria se fortalezca y que todos compartamos lo que sabemos para que las cosas marchen como debe ser, vamos a dejar por aquí, algunos datos importantes que nos contó en una entrevista muy parchada que le hicimos.
¿Cuáles son las funciones principales de alguien que maneja producto?
David: manejo de producto hace parte de arte, por lo tanto se trabaja de la mano con el director de arte, que es quien da las pautas para el tratamiento. Todo inicia con el desglose. Ahí nos indican cómo o qué es lo que quieren que se vea. Si se necesita maquillado, o un efecto, o si se tienen que hacer etiquetas, o si hay que falsear o fabricar algún líquido o pasta, en fin. Luego se procede a construir maquetas, imprimir, pintar, mandar a cortar o formatear diferentes materiales. En el set se arma lo que se tenga que armar, y en producción hay que estar atentos a lo que el director pida o necesite para lograr lo que se quiere lograr.
¿Cómo entra el manejo de producto en contacto con otros departamentos?
David: el primero es el director de arte, con él y su equipo miramos paletas de colores, por ejemplo. Con el director de fotografía se hacen pruebas porque a veces los materiales reflejan luces o destellos en cosas o lugares que no deben brillar. Básicamente con estos dos departamentos es con los que tenemos que interactuar más directamente.
¿Qué te encontraste en Medellín con respecto a manejo de producto cuando te viniste de Bogotá?
David: cuando llegué me acordé de mis inicios, porque aquí no estaba la figura de manejo de producto establecida, no había alguien especializado. Solo cuando había casos específicos sentían la necesidad de buscar a alguien que tuviera la experiencia, porque si no, lo manejaban con mucha disposición y amor los de arte, pero no con todo el conocimiento. Entonces yo empecé asistiendo a algunos fotógrafos y con ellos fueron llegando productores y ahí fue dónde empecé a trabajar puntualmente como conocedor del tema.
¿Y el mercado audiovisual cómo lo viste en general?
David: aquí me di cuenta de algo, fue como si me hubieran desconfigurado y vuelto a configurar, porque en Bogotá cada quien está muy metido en lo suyo, y cada quien se encarga de lo que le toca. En cambio aquí en Medellín todo el mundo trabaja en pro de que salgan las cosas. Entonces si alguien de producción te puede dar una mano, de una; si el de luces necesita una mano, viene el de arte y le ayuda. Aquí todos se dan la mano porque saben que con el trabajo en equipo las cosas salen mejor y hasta más rápido.

Hay que seguir trabajando en eso que creemos y que tanto promovemos: si todos halamos para el mismo lado, vamos más lejos. David nos lo comprueba, esa es una ventaja que tenemos aquí y que tenemos que aprovechar, cultivar y expandir, para que trabajar con equipos colombianos sea más atractivo y nos busquen de afuera, no solo porque somos buenos, sino porque nos apoyamos.
¿O vos qué pensas? Comentánoslo, y hacenos saber que nos estás leyendo.
Pillate en este video a continuación, una parte de la entrevista parchada con David Forero.
